Clase del 19/06/20
3 DE
FEBRERO DE 1852
La batalla de Caseros y la caída de Rosas
El 3 de febrero de 1852 el “Ejército Grande”
integrado por la Banda Oriental, Brasil, Corrientes y Entre Ríos al mando de
Urquiza vencía a Rosas. Apuntes sobre la batalla y su naturaleza política.
El sentido estratégico de Caseros
A lo largo del siglo XIX la formación de la
Argentina moderna atravesó distintas etapas políticas acompañadas de
enfrentamientos y conflictos civiles armados, de variado tipo y envergadura,
que actuaron como fuentes de legitimidad política o adquirieron un papel
destacado en los procesos de construcción estatal. Por ejemplo, el periodo
inmediato a la ruptura colonial fue caracterizado por Halperín Donghi como una
etapa de “Revolución y guerra” para señalar el proceso de politización y
militarización que atravesó, en todas sus facetas, la sociedad en esa época. Es
posible reconocer otro momento hacia 1820, cuando lo militar adquiere una nueva
legalidad con el afianzamiento del caudillismo y las milicias montoneras
provinciales como un fenómeno emergente frente a la disolución del poder
nacional que, aunque precario, concentraba las decisiones de un orden político
inicial en construcción.
La batalla de Caseros expone en el lenguaje de las
armas el inicio de una etapa transicional hacia la consolidación definitiva del
país como semicolonia capitalista y a Pavón como su punto consagratorio.
Caseros representa, como acto de fuerza, el intento de los sectores dominantes
bonaerenses y del litoral de imponer su voluntad sobre el rosismo, en función
de sus intereses económicos y a más largo plazo políticos.
La etapa de gobierno rosista –previo a Caseros–
había asegurado la hegemonía y la acumulación de capital de los sectores
terratenientes de la provincia de Buenos Aires y en menor medida del Litoral
sobre los comerciantes porteños y las oligarquías provinciales del interior,
combinando la expansión de la frontera productiva, el aumento del stock
ganadero y la comercialización en el mercado interno con el control de la
navegación de los ríos y el manejo de los ingresos provenientes de la aduana.
El equilibrio inestable de esta alianza de poder se altera en los años previos
a Caseros y se expone abiertamente con el “Pronunciamiento de Urquiza” en
1851.
Varios son los factores que inauguran estas
condiciones. Las fuerzas centrípetas del comercio internacional se hacen sentir
en Buenos Aires y serán el preludio de estos cambios. Son los años en los que
el capitalismo se afianza a nivel mundial, expandiéndose a nuevas ramas de
producción (segunda revolución industrial) y aumentan los flujos comerciales y
la demanda de materias primas. Los terratenientes porteños se plantean
estrechar los lazos con el comercio mundial a gran escala, superar el
agotamiento del régimen de los saladeros, dar mayor impulso al libre comercio y
a la exportación de cuero y lana. En otras palabras, imprimir un nuevo rumbo a
al imaginario político y a la economía bajo el modelo de Rosas.
Un segundo aspecto está vinculado a la recuperación
de la economía ganadera de la región del Litoral de conjunto y especialmente la
entrerriana durante el período de la Guerra grande en la Banda Oriental
(1838/51) y los sucesivos bloqueos anglofranceses a Buenos Aires. Los
estancieros del litoral habían experimentado y confirmado durante esos años las
ventajas de liberar el comercio fluvial y ultramarino al establecer vínculos
directos con Montevideo. Así como hemos señalado los límites del nacionalismo rosista,
Urquiza tampoco puede ser considerado un mero títere de las potencias
extranjeras. El líder entrerriano, que desde 1841 se había convertido en el
gobernador más poderoso del litoral, se transformó en el representante de este
nuevo frente decidido a tomar las riendas para la reorganización de los
negocios del país enfrentando a Rosas.
Se planteó, de este modo, una confluencia
transitoria de intereses entre los terratenientes porteños, los sectores del
Litoral y la joven burguesía comercial porteña, ésta última históricamente
dependiente e intermediaria del capitalismo europeo, favorable a profundizar el
intercambio y el libre comercio. Como plantea M. Peña, “llegó un
momento en que el sistema rosista ya no sirvió (...) y entró en conflicto con
la clase que lo había sostenido desde la primera hora. A la hostilidad de los
estancieros del Litoral se sumaba la de los estancieros porteños, la propia
base de sustentación de Rosas.”
Los intereses foráneos hicieron lo suyo. A partir
del pronunciamiento urquicista de 1851, que afirmaba la ruptura del entrerriano
con Rosas “de una manera clara, positiva y pública” como requerían las
instrucciones al encargado del Brasil en Montevideo, Rodrigo da Souza Silva
Pontes, el imperio brasilero verá la oportunidad de sumarse a las fuerzas del
Litoral otorgando ayuda material a cambio de estabilidad en la Banda Oriental
(expulsión del ejército rosista), asegurar su área de influencia (Río Grande do
Sul) y conquistar un antiguo anhelo, la libre navegación del Paraná.
De este modo las bases de la coalición antirosista
estaban configuradas. Este es el sentido estratégico indispensable para comprender
la batalla de Caseros y su desenlace.
El combate
La batalla fue rápida, comenzando a primera hora de
la mañana y culminando a horas de la tarde. Desde el punto de vista militar
movilizó un volumen de fuerzas importante para la época de casi 50 mil soldados,
se calculan aproximadamente 25 mil al mando de Urquiza (10.000 de infantería y
15.000 de caballería, 45 piezas de artillería) y 22 mil para el ejército
rosista (10.000 soldados de infantería, 12.000 de caballería, 50 piezas de
artillería y 4 coheteras).
Los partes de guerra esquemáticamente indican que
Urquiza ubicó en el centro a las tropas de infantería y a la división imperial
brasilera (al mando de Sousa), en ambos extremos a la grandes divisiones de
caballería y grupos de artillería distribuidas en todos los frentes y en la
retaguardia. Rosas ubicó del lado izquierdo a un grupo de infantería al mando
de Pedro José Díaz y de caballería dirigida por Lagos, del centro a la derecha
la artillería dirigida por Chilavert, sostenida por batallones de infantería y
la caballería comandada por Videla.
Rosas desoyó las sugerencias de su Consejo de
guerra de elegir otro campo y retirarse a la ciudad para provocar el desgaste
del Ejército oponente, adoptando finalmente la opción de presentar batalla.
Urquiza, por el contrario, avanzando sobre el arroyo Morón hasta llegar a la
zona donde se encontraba el Palomar de Caseros, residencia de Rosas
transformada en centro de campaña, aplicó una táctica ofensiva y envolvente que
destruyó el frente derecho rosista mientras desgastaba el flanco izquierdo con
las tropas al mando del gobernador de Corrientes Virasoro. El combate duró
mientras la artillería de Chilavert y las fuerzas de Díaz resistieron hasta
quedarse sin municiones. El Ejército Grande de Urquiza había vencido.
A propósito del resultado, suele plantearse que la
superioridad de recursos, financiamiento y preparación del Ejército Grande
anticipaban el desenlace o que Rosas fue sorprendido por la traición de
Urquiza. Lo que quedó en evidencia previo al combate fue el apoyo que encontró
Rosas entre los sectores populares mientras el ejército urquicista sufría
deserciones y en su trayecto hacia Buenos Aires los pobladores daban muestras
de indiferencia. Si junto a la infantería se hacía jugar esa fuerza social en
el combate ¿No era posible relativizar las desventajas objetivas del ejército
rosista? Pero eso hubiera implicado un levantamiento no sólo contra el agresor
sino también el despertar de la movilización en la campaña, revirtiendo el gran
legado a la futura clase dominante, el control sobre los indios y las bases
para el disciplinamiento y proletarización del gaucho, reaseguro de que las
tierras no serían ocupadas. Aquí quedan abiertos varios interrogantes. ¿El
respaldo del resto de las provincias no podría haber sido un punto de apoyo
para Rosas? ¿Consideró que implicaba agotarse en un conflicto interminable y
poco beneficioso, dejando nuevamente una economía sin recursos y agotada? ¿Fue
esa la direccionalidad que primó entre sus decisiones políticas y militares?
Inicio de una etapa
Es fundamental comprender Caseros como un escenario
no exclusivamente militar sino que conecta fenómenos políticos y sociales, de
cambios internacionales y su impacto nacional con los reacomodamientos
estratégicos de sectores de clase dominante. Perdido el apoyo de su clase, Rosas
decide capitular. Lo abandonarán no solo sus colaboradores políticos cercanos
sino principalmente el núcleo de los hacendados bonaerenses, sin afectar el
factor de estabilidad social que habían heredado del rosismo y preservando su
riqueza. Urquiza y más tarde Mitre van a gobernar con los Anchorena, primos de
Rosas y emblemática familia de la santa Federación rosista.
Hay que bajar a los próceres de los pedestales,
decía un historiador, incluyendo sus batallas. Lejos de ser el momento
inaugural de un proyecto “autónomo/libre” de modernización del país Caseros
inaugura, respaldado por las armas, una etapa transicional hacia la
consolidación de su carácter dependiente, replanteando el mapa político para la
llamada organización nacional, sin solución inmediata, como la relación ni más
ni menos de Buenos Aires con el Litoral.
• Peña, Milcíades, Historia del pueblo
argentino, Buenos Aires, Emecé.
• Marcela Ternavasio, Historia de la Argentina, 1806-1852, Buenos Aires, Siglo XXI.
• Marcela Ternavasio, Historia de la Argentina, 1806-1852, Buenos Aires, Siglo XXI.
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